perdusatoulouse

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miércoles, marzo 21, 2007

we are loosing a flight!

el tito

las chungas del barrio

típicos amigos de la calle

la típica

look left?

los mod's de los 80

el big ben para nuestra Laetitia

“Y la niebla volvió a cubrir Londres, porque se marchó, y se llevó con ella el brillo de sus ojos. Y el sonido del Big Ben lloró su ausencia...” (A.S. 19.03.07)

Esta vez empezaremos por el final. Jean-Luc Godard en 1964 dirigió la película “Bande à part” donde sus protagonistas conseguían cruzar el Louvre en un tiempo récord: 9 minutos. La célebre escena fue homenajeada por Bertolucci en su película Soñadores en 2003. Nosotros vivimos una escena que nada tiene que envidiar a las más conocidas de la nouvelle vague.

A las 17:24 salía nuestro tren de Victoria Station, 30 minutos para llegar a Gatwick Airport y correr hasta los mostradores de check-in de easyjet. Son las 18:05 y el avión sale a las 18:25. Las colas serpentean en el hall del aeropuerto y optamos por plantarnos delante del mostrador, jadeando, “we are loosing a flight!”. El embarque ya está cerrado, pero nos dan una oportunidad en el mostrador de la compañía. Tras interrumpir a los atendidos y monopolizar la atención de las dos chicas vestidas de naranja, empieza la cuenta atrás.

Corremos con una de ellas que nos hace el check-in y nos advierte que si no pasamos los controles de seguridad estamos perdidos (no podemos embarcar las maletas y en estos tiempos que corren de paranoia terrorista es un gran problema), nos acompaña hasta otra chica mientras llama al Gate 18 para advertir de nuestra llegada. Nos hacen saber que no podemos pasar con dos bolsas cada uno así que nos tiramos por el suelo (chica de seguridad incluida) y empezamos a redistribuir las maletas para convertirlas en una (la verdad es que con el calor y las carreras, tener que ponerse el gorro y la bufanda para optimizar el espacio no es muy agradable). Vestidos de pleno invierno nos adelantamos una cola infinita repitiendo como loros nuestra frase “we are loosing a flight!” y llegamos a las malditas máquinas de rayos X, ropa fuera, zapatos fuera pasamos (no desapercibidos) sin problemas, pero Nacho pita...le registran todo, le abren la maleta y le confiscas armas y explosivos varios: un desodorante, champú y lo último en artillería pesada, ¡la pasta de dientes!

Clara ha dejado el grupo para hacer el spring final e impedir que cierren la puerta del avión. Nosotros, rezagados, empezamos a correr esquivando gente y columnas. Como ya es habitual, la gate 18 es la última y más alejada, nos separan 3 cintas automáticas y 500 metros que los hacemos a duras penas y en 3 minutos. Llegamos, nos están esperando...entramos en el avión y nos sentamos exhaustos. Increíble, son las 18:35.

El resto del viaje...una maravilla. Carlos, nuestro tito Carlitox (el que regodea las patas) nos ha tratado como reyes. Jueves birras en el barrio más cool de Londres, viernes pateada de “loquehayquever” de la ciudad con comida en el Hyde Park y cenita tranquila en casa. Sábado de mercadillos, primero Portobello y luego Camden, una locura consumista, en el último nos encontramos a María, Carla, Anabel y Manu, casualidades de esas que no dejan de sorprenderme...por la noche sólo el valiente de Carlos no se deja tentar por la cama, los demás caemos redondos. Domingo: la Tate modern...increíble Duchamp, Warhol, Lietchenstein, Miró, Pollock...luego paseamos cruzando puentes y vamos a visitar a Tana y Joaquín, ¡encantadores! El lunes nos lo tomamos con más calma, pasamos la mañana en el parque y vemos como nieva mientras preparamos la última comida. A las 16:15 estamos más a gusto (que un arbusto) en el sofá hasta que Carlos nos advierte “¿no tendríais que pensar en ir al aeropuerto?”, sí claro pero ¿para qué ir con tiempo si podemos hacerlo corriendo?

¡Gracias tito!

martes, marzo 13, 2007

La ville blanche








Suena el despertador a las 4:30 de la mañana, en media hora el taxi llega puntual, no tanto como nosotras. Pocas palabras a la llegada al aeropuerto, el sueño por las 2 horas dormidas no favorecen al buen humor. Turbulencias en el avión y alguna cabezadita, pero poco a poco las ganas de llegar vencen al sueño. Llegamos a Ginebra y corremos para coger un tren a Lausanne, ahí nos encontramos con Chris que llega escoltada por la armada suiza. Buscamos el coche y nos dirigimos hacia la Suiza-Alemana, intentando mantener los ojos abiertos. Hacemos una parada técnica para revisar el coche, mientras yo controlo el humo del tubo de escape (combinando con cabezaditas), Aly y Chris se ponen al día. Compramos los alimentos básicos para la supervivencia en las montañas: galletas y chocolates....y un poco de verduras y ensalada para acompañar.

Llegada al refugio de montaña, patinaje artístico (de artístico nada, sólo patinaje) hasta la puerta y visita de reconocimiento del lugar. Encendemos el fuego, conectamos la calefacción, comemos y poco a poco vamos entrando en calor, pero antes caemos presas de otra cabezadita, a esta mejor llamarla siesta en toda regla. Al despertar decidimos esperar a Daniel jugando al futbolín y dando vueltas al cubo Rubick sin mucho éxito, luego empezamos a preparar lo que sería una raglette buenísima. Llega Daniel y nos la comemos. Luego....dormir.

Cuando nos despertamos hace un sol perfecto para hacer una excursión tranquila por las montañas, pero lo que significa “una excursión tranquila” para un suizo para nosotras es “jugarse la vida a 2000 m. durante 3 horas” (con un trineo a rastras). La subida por la pista roja no fue más dura que la bajada dando volteretas por la nieve, pasando algunos instantes encima del trineo. Pero llegamos a casa, sin puntos en la cabeza, pero con morados en todas partes. Merendamos y cenamos consecutivamente, o a la vez, no lo sé y después de recoger nos fuimos a pasar la noche en Biennes, unas contando batallitas en el coche y otras con las ya habituales cabezaditas.

El lunes lo pasamos en Berna paseando por las calles solitarias, viendo osos, comiendo ligero y tomando tés y cafés combinados con fotos y ajedrez. Por la noche llega Chris y vamos a cenar a un restaurante de gente muuuuuuuuuuy normal (¡no se salva ni uno!) y luego volvemos a Biennes a dormir. Por la mañana, volvimos a comprobar la puntualidad suiza para llegar al aeropuerto de Basel. Nos gastamos el dineral en francos que nos quedaba (nos compramos un zumo a compartir) y volvimos a Barcelona dispuestas a afrontarnos de nuevo a la gran ciudad.